Entrevista a Pablo de Los Ciervos Dorados
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Por Ana Webb

Vino está disponible para escucha en todas las plataformas, y para compra en una edición física en vinilo de 12″.

¿Puedes hablar de la influencia que han tenido tus anteriores proyectos musicales en este nuevo proyecto? ¿Por qué sentiste la necesidad de empezar de cero otra vez?

Yo siempre he tenido muchos grupos con muchos amigos, como supongo que todo el mundo. Pero no he conocido a tanta gente que tuviera tantos grupos a la vez como yo. Hubo una vez que sí que tuve, o sea, llegué a tener muchos, casi 10, pero tiene trampa porque muchos eran con la misma gente, pero distintos combates.

Particularmente Carne Blanca y luego en mi proyecto en solitario, por motivos evidentes, me permitía meterme en mí y en lo que sea que pudiera querer probar en ese momento con mi voz y con lo que tuviera que cantar. Antes iba con el nombre de Corbi, pero realmente nunca llegué a grabar nada.

Una de las razones por las que quería hacer el grupo de ahora de Los Ciervos Dorados era para poder materializar un disco que nunca llegué a conseguir hacer ni yo en solitario, ni con Carne Blanca, ni con Columna Verana, ni con Matadero, ni con tantos otros grupos. Y se me quedó eso como dentro. Cosa enquistada. Y con mis proyectos en solitario, sí que es verdad que toqué mucho, pero las canciones quedaron sin grabarse nunca. Entonces todo eso fue muy formativo porque me permitía unas formas mucho más, no quiero llamarlo experimentales, pero sí.

¿Cómo fue ese proceso para llegar a lo que terminaste grabando?

El Liceo Mutante en Pontevedra fue crucial para eso porque, para empezar, aparte de ser mis amigos, era un escenario en el que yo sabía que me iban a escuchar, así que podía permitirme lanzar la piedra lo más lejos posible. Pude probar formas distintas, maneras de cantar distintas, estructuras narrativas distintas.

Hacía canciones muy largas con distintas partes, que igual cogía tres de mis canciones y las mezclaba juntas, y luego las intercalaba, ciertas partes y demás, o dejaba espacios medio improvisados. Pero era solo yo con la guitarra. Y entonces una vez el liceo entró en crisis y el mundo entero entró en crisis con la pandemia, entré en un hiatus gigantesco, porque todas las bandas que tenía se pararon de golpe y como que un poco todo se deshizo.

Estas otras canciones empezaron a nacer de pequeñas partecitas, cachitos, que si antes yo lo convertía como una cosa gigantesca, ahora como que estaban en barbecho y empezaban a coger más peso. Y yo lo rumiaba conmigo, para mí, sin ganas tampoco, ni ganas ni capacidad ni posibilidad de enseñárselo a nadie. Fueron cogiendo tiempo y les fui dando espacio y me dejó de interesar ese shock value. También porque me apetecía obligarme a no ser tan experimental.

¿Por qué sentías esa necesidad de alejarte de lo experimental?

Porque precisamente, lo que hacía era huir de las formas del pop porque: “Ah, no, paso”. “Soy capaz de hacer otra cosa”. Sí, pero la pregunta es: ¿Eres capaz de no hacer otra cosa? ¿Eres capaz de no solo sonar raro? Y aún así conseguir una narración, conseguir transmitir algo sin tener que agredir a quien esté escuchando. Entonces estas canciones son mi manera de intentar traducir todo lo que caminé de ser más alternativo o de intentar hacer cosas que no sonasen amables, traducir esa paleta que intenté conseguir o intenté generar, supongo, en forma de un lenguaje, bueno, pues, las canciones en esencia creo que se entienden porque tienen estrofa y estribillo. La mayor parte, pero estirado y un poco dilatado. Entonces es un poco la conclusión formal a la que llegué.

¿Esas estructuras en la forma de hacer las canciones tenían la intención de llamar la atención o generar tensión en el espectador?

Dar miedo en directo es curioso porque justo esas palabras y justo esa premisa era un poco lo que trabajábamos en Carne Blanca, y yo conscientemente era el que un poco tenía que personificar este personaje, e intentaba generar un espacio en el que, omitiendo que nadie me esté viendo, llevase a la gente a ese nuevo sitio misterioso de pensar “¿qué estápasando?”, etcétera.

Pero con los Ciervos Dorados quise que las canciones valieran mucho por sí mismas. También tener que meterme en esa actitud, en ese personaje, requería mucho de no saber cómo iba a salir. En general ya no me siento identificado con eso porque quería hacer canciones que tuviesen sentido autónomamente, que tuviesen una forma y fueran cantables, sobre todo, que se entendiera la letra, que alguien pudiera coger una guitarra y cantar y entenderla como yo la entiendo.

¿Entonces hay una intención de acercarse más a tu identidad personal y que tu música esté menos dirigida hacia un espectáculo y más como una forma de expresión?

Sí, sí. Y ahí yo creo que estás diciendo una cosa súper interesante, que es que la manera de imponer tu personaje son proyectos artísticos totalmente válidos, complejos, universales, capaces de llegar a la universalidad, etcétera. De hecho, eso sí que es algo que me da un poco de miedo ahora con los Ciervos Dorados, porque con todas las bandas que he tenido tiene como su propia personalidad, entonces sé de qué van las bandas y sé cómo hacer una canción de Carne Blanca y una canción de Columna Vegana, etc. Pero ahora con Los Ciervos Dorados, pues de alguna manera he puesto toda la carne al asador. He dicho: Pues voy con todo. Esto soy todo yo ahora.

Las canciones de este disco parecen emocionalmente muy viscerales, ¿cómo ha cambiado tu forma de tocar en directo respecto a tus grupos anteriores?

Hay una parte en la que lo que me cansaba de esos otros proyectos, no porque no quisiera continuarlos, pero bueno, que es verdad que me daban mucho, me drenaban mucho, era justo eso de tener que ponerme en ese estado emocional como para poder interpretarlo. Y sin embargo, estas canciones que tienen tanto de mí o que para mí han significado tanto que es diferente. ¿Me siento expuesto? En parte, sí, pero de alguna manera me sentía un poco más raro antes. Porque me sentía como haciendo el personaje.

Este disco lo hicimos mi hermana Elena, mi amigo Muellin de toda la vida, y yo. Y ahora se ha unido a nosotros Scott, que es otro amigo también de toda la vida de Pontevedra. Entonces ha sido como una especie de cosa de proyecto secreto. Honestamente, no tengo noción de que el mundo esté viéndome vulnerable. Ahora supongo que está yendo hacia adelante y es muy grato ver que a alguien le gusta. Pero paradójicamente no me siento tan expuesto, me siento bien.

¿Cómo surgió el grabar el disco con Ibán Pérez  en Terraforma?

Pues eso se lo debemos íntegramente a Xose, guitarrista de Cuchillo de Fuego, que nos ha hecho de padrino. Absolutamente. Fue él el que le habló a Pablo para meternos en Humo. También los colegas de Ramper, especialmente Ángel. Si grabamos el disco fue porque Xose en un primer lugar nos escuchó en directo y dijo: “Oye, de verdad, dadle un impulso a esto, merece la pena”.

Fue él quien nos puso en contacto con Ibán porque yo tenía muy claro que si lo grababa lo quería grabar en directo y eso ya nos limitaba bastante aquí en Galicia, o por lo menos se convertía en un problema a la hora de equilibrar las posibilidades y el precio. Encontrar a Ibán fue lo mejor que nos podía pasar porque entendió perfectamente el proyecto y no solo stábamos más que dispuestos, sino que él prefiere grabar en directo. Así que fue, sí, fue un flechazo.

¿Cuáles fueron vuestras referencias principales para el disco? Hay partes que pueden recordar a Godspeed You, Black Emperor, pero luego aparece la forma de cantar de Jeff Buckley y los ritmos de una especie de western…

Yo soy muy, muy, muy, muy anacrónico. O sea, muy, muy, muy clasicote. No me gusta nada. No me siento rockero, no me identifico con el rock, pero las cosas que me gustan y en las que me he inspirado para hacer estas canciones y tal es que no pueden ser más clásicas. O sea, yo siento que dialogo más con Velvet Underground que con el post-rock. Me gusta el post-rock, disfruto mucho de Godspeed You, disfruto de Swans, disfruto muchísimo de Ramper. Siento que sí que tenemos maneras de entender muy parecidas, pero mi visión al respecto, como yo siento que me gusta hacer música, creo que tiene más que ver con hacer canciones y no tanto propuestas.

¿Cómo haces uso de tus referencias entonces?

Yo no tengo una manera de hacer las cosas pero sí que he tomado referencias directas de otras canciones. La de “Ciervo Dorado” por ejemplo son los acordes de “Midnight Special” de Lead Belly. Es “Midnight Special” y un poema de Rabindranath Tagore que se llama “El ciervo dorado”, que básicamente lo que dice es “yo lo sigo a través de montañas y valles… Vosotros id al mercado y haced grandes negocios. Yo estoy muy ocupado, sigo al ciervo dorado…”. Pensaba “¿qué quiero conseguir?” Pues quiero conseguir una canción que me sirva un poco como misa, porque “Midnight Special” tiene ese punto como de gospel.

No encuentro mejores referentes que los primeros que hicieron la movida. “Heroin” de Velvet Underground es para mí es como la Biblia. Es el ABC, son dos acordes. Es más, “Vino” tiene los mismos acordes que “Heroin”. “Vino” era un poco de “Heroin” y un poco de Jeff Buckley, “Lilac Wine”. Y luego un poco de otra cosa más, un poco de Dirty Three. Y luego un tío que se llama Dog Bowl, que lo encontré por internet. Y dije: Pues todo a la pota.

¿Cómo es tu proceso de hacer una canción?

Cuando hago canciones, lo que tengo son ideas de canciones, y muchas veces rápidamente digo, ah, esta tiene futuro o esta no. Rara vez recupero una parte de otra. Hay veces que sí, hay veces que yo estoy haciendo alguna y digo: “Ah, mira, ahora sí que le podía meter esto que había hecho de la otra”. Pero en general es como generar ideas autoconclusivas que tengan principio y fin.

“Vino”, por ejemplo, era una canción cuya primera grabación de todas que dura dos, tres minutos, que es el grueso de la canción (la grabación final dura 9:30 minutos). Todos los acordes ya estaban ahí y se acabó. Y luego lo único que tengo que hacer es estirarlo, darle el acabado que tenía que tener y ya está.

¿Hay un hilo conductor o una narración que una a todas las canciones en el disco?

No especialmente. Si hay algo que yo creo que sí que tienen en común las canciones, aparte de que efectivamente alguna tiene un punto más vaquero, o la de “Odio”, tiene mucho más grito, distorsión, etc., es que lo que a mí más me importa es que sean autoconclusivas, que sea un mundo cerrado y que tenga un centro neurálgico.

No tiene que ser “historia”, porque no tienen porqué tener historia todas las canciones, pero sí que hay una dependencia estructural intrínseca entre la letra y la música y no se pueden disociar. Y no fue una antes que la otra. Las dos tienen que ser la misma cosa. Y si no se siente como tal, entonces un poco fallé.

Pero sí que parece que todas están dentro de un mismo mundo conceptual, con canciones más cortas que funcionan como nexo entre las siguientes.

Pues no las pensé como queriendo crear un mismo mundo que se pareciese o que tuviera algún nexo. Lo que decía antes, tiré la piedra lo más lejos que pude. Dije: voy a jugármela con esta propuesta, la canción manda. Y si una canción quiere ir por aquí, la canción va a ir por ahí. Y yo solo las voy a juntar todas.

Entonces, para mí, el disco se parece más a un libro de relatos que a un disco en forma. Porque pienso en libros de relatos que tienen un relato de tres páginas y luego uno de veinte, y la intención es trabajar situaciones distintas. Igual es ambicioso llamarlos mundos, pero mundos distintos.

Y quiero pensar que las canciones no son ni largas ni cortas. Que cada una tiene su propio desarrollo, tiene su propio centro, y si no necesita explicarse más es porque no lo necesita, y si necesita estirarse más, es porque necesita estirarse más…

Si hay una vinculación entre todas, que no niego que la haya, yo de momento todavía no la veo, porque creo que sigo viviendo los últimos coletazos de la vida que tuve cuando hice estas canciones. Entonces, las canciones que hacía antes, cuando iba con el nombre de Corbi, para mí eran la vida entera.

¿Cuales fueron las primeras que escribiste?

La primera que nació fue “Ciervo Dorado”, cuando yo todavía estaba haciendo las otras. O sea, fue como una especie de primer easter egg de lo que se iba a venir después. Para mí mismo, no para nadie más. Porque la idea de “Noche de San Juan”, por ejemplo, nació justo después de “Ciervo Dorado”, hace 5 años. Y no la terminé hasta que fuimos a grabar.

¿Qué ocurrió con esa canción para que fuese tan complicado terminarla?

En el caso de “Noche de San Juan” lo primero que tuve fue el final, entonces hice la canción como al revés. Y lo que pasa es que empezó como a hacerse un poco imposible esta mezcla de elementos y una semana antes de grabar estábamos ensayando un montón para llevarlo lo mejor posible y yo no tenía letra. Tenía más o menos melodías de voz.

Pero vino el escritor Enrique Vila Matas a Pontevedra a una presentación de un libro y fuí. Y en la ronda de preguntas pues aproveché y le dije: “Oye, ¿cómo superas un bloqueo creativo?” Y me dijo: “Bueno, pues yo es que viajo mucho en trenes…” y empezó un rant de como veinticinco minutos, no exagero. La gente empezó como a reírse nerviosamente en plan: “¿Qué es esto?”. Y al final dice: “Entonces yo pensé aquello que dijo Bioy Casares de que no te preocupes de cómo te lean los demás. Tú haz tu cosa y ya ellos interpretarán lo que sea. A veces lo importante es terminarlo.” Entonces yo fui y puse las cosas que tenía en orden. Y ahora yo no diré que es mi favorita, pero desde luego como que le encuentro el encanto.

¿Existe una relación de la literatura con tu música entonces?

Sí, la vinculación está ahí. Y creo que si hay una gracia de las canciones o de lo que conseguimos hacer es precisamente esa medio hibridación de las dos cosas. Elena y Muellin tocan muy bien, pero no creo que nuestra banda brille porque seamos unos grandes intérpretes necesariamente. Y tampoco es que ni la letra tiene por qué ser espectacular, solo tiene como que conseguir el objetivo. Y en ese sentido sí que me baso mucho en la literatura para conseguir situaciones, imágenes.

Sobre todo porque en los primeros grupos que tuve –creo que como todo el mundo aquí en España en mayor o menor medida– pues empecé cantando en inglés. Y la mayor parte de la música que escucho y he escuchado siempre está en inglés. Entonces conseguir disociarte de eso y crear un lenguaje propio es muy difícil. Me ha llevado muchos años empezar a encontrar una manera en la que me siento cómodo comunicando, pensando que me están entendiendo. Y no solo pongo palabras en un orden y espero que surja magia de ellas, sino que tengo una voluntad de coger las palabras y ponerlas en un sitio. Entonces sí, sin duda hay un espectro de la literatura. En el single “Vino” parece representarse un día cotidiano desde la rutina del trabajo, y los detalles de lo costumbrista.

¿Cuál es tu relación con el trabajo y la pérdida de nuestro tiempo que conlleva?

Para mí eso está en la canción, sin duda. Yo ahora trabajo de bibliotecario y estoy encantado y ya no se me cae el pelo de estrés, pero antes no trabajaba de eso. Y cuando hice la canción, tampoco. Y, hombre, he tenido trabajos bastante precarios, pero no he tenido trabajos tan precarios como podría ser. Pero sé lo que es que pase el día y que no sepas en qué se ha ido, y esa dimensión está en las canciones.

Hay una que no va a estar en el disco porque no encajaba dentro del cómputo total, pero en esa sí es muy explícito que va de “He puto trabajado y se me ha ido el día”. Pero no necesariamente está mal, pero eso pasa. Entonces, eso que describes de la cotidianeidad y el costumbrismo es algo que creo que utilizo mucho porque es que yo no vivo grandes épicas.

¿Crees entonces que te interesa hacer esa representación del mundo en tu música? Aquella que observa lo pequeño del día a día, sobre todo en relación al amor.

Yo creo que sí, totalmente, porque creo que es como lo experimento, sobre todo –si se me permite el comentario político– porque cada día es un caos, cada día da más miedo. O sea, es una cosa muy evidente, pero es real. Y yo me levanto y tengo muchas cosas para estar agradecido, y esto es una cosa de la que se han apropiado –no quiero ofender a nadie– la religiosidad y el cristianismo, pero creo que es algo fácilmente universal para aplicarlo.

Hay cosas de las que estoy muy agradecido y que me inspiran y me animan a querer dar bocados de vida. Y entonces, el amor, es algo que menciono de vez en cuando. En “Vino” digo la palabra amor, por ejemplo, pero si me pidieras que hiciera ahora mismo una canción de amor, yo creo que colapso. No creo que sería capaz de abordar el tema, porque eso es muy intimidante.

Solo puedo hablar de las cosas anexas a los temas, que es donde vivo. Yo no tengo localizado en mi cuerpo el amor. Experimento cosas parciales y en mi día a día pues bueno, está todo, está el amor, está hacerme la comida, está ir a trabajar…

Y volviendo a esas referencias: para mí, yo creo que para todos nosotros, Cuchillo de Fuego fue un antes y un después. Precisamente que ellos también hablen de lo cotidiano no debe ser casualidad, porque en Pontevedra no parece que haya muchas cosas aparte de lo cotidiano.

¿Qué era el Liceo Mutante y cómo impactó en lo que ahora es el proyecto de Pablo y los Ciervos Dorados?

La palabra que me sale es que espiritualmente les debo muchísimo. A mí el Liceo y a tanta otra gente le cambió la vida. El Liceo era un local autogestionado en un barrio más descuidado por el centro de Pontevedra, más desatendido. Y funcionaba por las socias que montaban los conciertos, talleres, etcétera. Aguantó once años ahí hasta que por una cuestión de especulación inmobiliaria, porque no tiene otro nombre, les echaron. Todo con la excusa de que no tenían licencia para montar conciertos. Cosa que a todas luces es cierta, pero eso no debería ser razón para que cerrase el Liceo ni cualquier otro sitio.

Pues para mi modesta experiencia como pontevedrés que creció en Pontevedra y que vivió tocando en Pontevedra, el Liceo era aire fresco si tú no querías pasar por los circuitos habituales que todos conocemos, festivales, etc,. Para mí es una pérdida de capital cultural de Pontevedra imposible de cuantificar.

Yo estaba en el Liceo, estuve durante años y participé y monté conciertos, o ayudé a montar conciertos, ayudé en tal o cual comisión, pero en los últimos años no estuve tanto como podría haber estado. Una vez empezó la crisis, también me fui de Pontevedra y se hace más difícil. Entonces, hablar del Liceo ahora o el otro día que tocamos en el Incode, pues tonterías como dedicarle una canción es mi manera de intentar hacerles un poco de justicia.

Pero tampoco quiero como ni apropiarme del liceo ni quedarme yo con una especie de foco de nada del liceo porque yo pasé por ahí. O sea, yo tuve la suerte de poder ir al liceo y vivir un poco allí una temporada, de ir a conciertos y tocar y conocerlos. Y participar. Y creo que ayuda mucho también formativamente. A conocer bandas, a ver cómo se mueven, a ver cuál es su perspectiva del mundo…

Published On: 7 septiembre, 2026|Categories: Pablo y los Ciervos Dorados|Tags: |By |3682 words|