Somos la Herencia han editado este año justo antes del apocalipsis. «Dolo» (Humo Internacional, 2020), un disco debut con el que dejan de ser uno de los secretos a voces mejor guardados del underground estatal para convertirse en una realidad.

Dolo está llamado a ser la BSO de una época. Duros como un bocadillo de adoquines, cantando a la pena, los pesares y la crudeza con un empaque tan agresivo como oscuro;  a medio camino entre la urgencia del post-punk, la electrónica contemporánea más experimental, la dark-wave más atmosférica, el witch house de vocación más pop y una suerte de hipnosis rock a caballo entre la performance y el ritual consiguen hacer rock desde los cables, y electrónica experimental desde la cultura rock; acercandose a un marco tan minimalista desde el diseño sonoro como maximalista desde la abrasión punk.

Hombres Libres, de algún modo, es una tensión agazapada, una colisión extraña entre el cuerpo y el tiempo. Es una mirada que uno se devuelve a sí mismo en la que uno encuentra algo que recuerda, algo que ya ha perdido. La letra de esta canción es una especie de letanía obsesiva, frustrada quizá, sobre la decepción de no autoreconocerse del todo; un mantra obsesivo que, por eso mismo, se convierte en un intento desesperado por hallar una respuesta, quizá una pequeña cura, un intento de encontrar un equilibrio en la repetición inconsciente, descontrolada. 

El vídeo recoge todo esto y quiere poner imágenes a esta pulsión, a la contradicción entre el intento de huir y la necesidad de abrazar aquello que te persigue, el misterio que se abalanza sobre ti sin poder frenarlo; como cuando estás triste y quieres pelearlo, lo peleas hasta que entiendes que no pasa nada, que es necesario transitar ese dolor. Estoy triste, pero no estoy mal. 

El vídeo utiliza gran parte del imaginario estético de ‘Dolo’, con la jarra dorada como ente mágico que simboliza la obsesión del protagonista, y el brazo rojo y corrupto que, amenazante, viene sin embargo a traer de vuelta la realidad. Las manos y el agua, como posibilidades de sanación. Aceptar la guerra cotidiana.