Estamos ante el cuarto disco del grupo Mohama Saz: ‘Quemar las naves’. Grabado por Carlos Díaz en su estudio El Cortijo de Santa María de la Vega (Fuerza Nueva, Los Planetas, Melange, Soleá Morente, etc) quien ha registrado el característico sonido de la banda en una cinta de 24 pistas de manera magistral. El resultado es un disco con un sonido tan orgánico como poderoso. Editado en Europa por Humo Internacional y en EE.UU por Mock Records en diciembre de 2020.

Quemar las naves… ¿Es una afirmación? ¿Es la constatación de hacia dónde nos dirigimos? ¿Vamos a continuar en esta carrera despiada? ¿No hay vuelta atrás? ¿O es todo lo contrario? ¿Una suerte de grito de guerra contra nuestro propio destino? Después de escuchar el disco lo sabremos, o no… Esta dualidad que nos presenta la banda comienza en la propia portada, una pintura de Óscar Rey, donde aparece una serpiente, símbolo ancestral que encierra múltiples interpretaciones, la mayoría de las veces enfrentadas.

Desde que Mohama Saz emprendiera su viaje no han hecho más que seguir su propio camino. Se despojaron de lo anglosajón, de la fórmula del pop, de la música de los vencedores…usando estos despojos como un posicionamiento vital e incluso político. En su nuevo disco siguen recreando su subconsciente musical que va desde las melodías de oriente, a los sonidos del Mediterráneo y de África, estribillos que podrían ser orgullo de Los Chichos o de Las Grecas, hasta canciones propias de las celebraciones en la casa de la abuela en El Pozo del tío Raimundo. Viajan también a Suramérica con guiños a Víctor Jara, o a la India con pasajes de Amancio D’Silva, o más cerquita, atreviéndose con la ronda de La Misa del Gallo de Toledo. Pero también emergen otras de sus pasiones musicales, como el Krautrock o el Anadolu Rock, reconociendo patrones motorik de Neu!, sintetizadores analógicos de Tangerine Dream y melodías de Ersen o Erkin Koray. 

La fórmula sigue siendo la misma: no hay reglas. Su propia emoción hace de guía para crear melodías que salen misteriosas de un baglama saz eléctrico especiadas por clarinetes y saxos, sobre una potente e hipnótica base rítmica empastada por percusiones donde los sintetizadores de Íñigo Cabezafuego (quien se acaba de unir a la banda) flotan dando un aire mágico a todo el disco.

Mohama Saz rueda sin que se borren los surcos de los ideogramas que dieron origen a su ser, por eso lo de «Quemar las naves», siempre hacia delante como un tanque soviético, como una columna libertaria de guerra.