“Escucho música de gente a la que no le gusta la música”

Entrevista a Sofia

Por Tutti DuPlenty

Foto @luadermond, vestuario Laura Puig

Varias veces te he escuchado o leído decir que cada vez te cuesta más escuchar música, ¿cómo es eso?

Pues supongo que me pone un poco nerviosa, porque la analizo y no lo acabo de disfrutar del todo. Digo: “mira, está muy bien poner el bombo así, o el paneo este”. Pero no estoy ahí. No es solo que la analice… eso en realidad es solo una explicación que yo le doy. Es que me cuesta disfrutar de escuchar música. Envidio un montón a la gente que se levanta por las mañanas y se pone en el Spotify, se pone las letras, y está ahí imbuida. Yo es una cosa a la que me tengo que forzar. Me gusta que [la música] me genere otras cosas: risa, o yo que sé, pena, o emociones así concretas. Si intento escuchar algo normalmente es como “mierda, no me entra”. O escucho 20 segundos una canción y ya la quito, y me pongo NTS o algo así. Me puedo poner grupos que siempre me han gustado, o música clásica. Cada vez escucho más la radio, o podcasts, o cosas así.

¿Y esto te pasa más últimamente?

En realidad creo que es algo que siempre me ha pasado. He tenido épocas en las que he disfrutado de los puros sonidos y de lo que hace la música. Y a veces aún me pasa, pero con muy pocos grupos o muy pocos estilos. No sé, es que hay poca música que me guste. Es una losa, ojalá me gustaran más cosas.  También es que no tengo ni idea de música.

No me cabe duda de que tienes algún motivo para decir eso, pero solo Dios sabe cuál es.

Es raro. Es raro. No tengo ninguna referencia… Debería gustarme más y debería disfrutarla más. Por ejemplo: nunca en la vida he escuchado Sonic Youth, o a los Rolling. No tengo ni idea, de verdad, ni idea. Además, muchos grupos me parece que están bien, pero no es que los disfrute, es que los aprecio.

Pero a ti te gusta Broadcast, o John Maus.

Porque eso es lo que me pasa: a mí solo me gusta Broadcast, John Maus, y ya está. Pero no, porque me deberían gustar… pues muchas cosas. Bueno, me puede gustar de repente Leonard Cohen. O sea, escucho música de gente que no le gusta la música, rollo Steve Reich y cosas así. No sé, en plan así minimalista, o de ruiditos, o experimental; Raymond Scott, Delia Derbyshire, cosas así. El “White Noise” me gusta mucho. Escucho instrumental, o ruiditos rítmicos, pero no… joder, no temazos. Kraftwerk me gusta mucho, y Vainica Doble, pero es como: “vale, OBVIO”, ¿sabes? Así que nada. Es una pena, la verdad. 

“White Noise” y Steve Reich, comprendo.

También me pongo bastante a mí misma. No sé. Jajajaja, qué horror. Increíble, pero sí.  Jajajaja, es horrible. Pero también es por el recuerdo, está bien. Bueno “El ayre del Almena” y “Decir adiós” y eso hace años que no lo escucho. A ver, todo el mundo lo hace, yo creo. 

Hay gente que no es capaz de escuchar sus propios discos una vez han sido publicados.

A mí al principio me pasaba, pero cuando cuando empecé a tocarlas me desvinculé de las canciones. Al final es algo a lo que le tengo apego. Entonces claro, disfruto porque es más asociar la música a la memoria.

Vale. Segunda pregunta. Has pasado varias zozobras en tu carrera. Por ejemplo, en octubre de 2022 anunciaste que parabas un tiempo o que igual dejabas la música.

Ahí era porque no podía sacar ningún disco, porque estaba bloqueada. Estaba muy cansada de tocar por ahí. No tenía suficientes temas, estaba ya un poco modo ventrílocuo, de hacer siempre lo mismo. Y estaba tocando un montón. Me daba muchísima ansiedad. Llevaba tanto tiempo esforzándome por sacar algo que dije “bueno, realmente no sé si voy a volver a tocar, porque como no saque nada no tocaré más”. Tenía un bloqueo tan grande que pensaba: “es que ahora mismo no sé si volveré a sacar nada”. 

Y apenas tres meses después se publicó “Canciones para saltarse por encima”, que tiene 16 temas. 

Eso en realidad fue Pablo, que me dijo “saca lo que quieras”. Tenía más [temas]. Pablo me dijo: elige los que quieras, y sácalo. Me dijo que podía ser guay incluso que fuera un disparate, y me convenció la idea de que como concepto molaba. Y al final tiene coherencia. Como las canciones tienen coherencia, el disco, extrañamente, la tiene también. Se nota que no es de estudio, pero al final [eso] me gusta.

Pero entonces tu bloqueo no era compositivo; en ese tiempo habías ido acumulando un montón de canciones. De hecho, te he escuchado más de una vez decir que como artista no eres prolífica, y sin embargo en algo menos de tres años has publicado dos LPs. ¿Cuánto es para ti ser prolífica?

Creo que es algo que tengo yo en mi cabeza. Es mi propia avidez de tener cosas nuevas. Supongo que si me gustara más escuchar música no necesitaría tanto hacerla. Creo que si hago tanta es porque me gusta la música, pero me gusta más tener hecha [que hacerla]. Porque [hacerla] no es algo que disfrute tampoco, es una cosa en la que… engancharme. Por el tiempo que le dedico ya debería tener más cosas. Es que no me conformo para nada. Bueno, es que esto [la etapa compositiva] de “Canciones para saltarse por encima” dura hasta verano de 2022, desde entonces no he hecho prácticamente nada. Todo el año 2023 ha sido un desastre y no he hecho prácticamente nada.

En 2023 nos pasaste por email varias veces temas nuevos.

Jajajajaja, ya, vale, es cierto, sí. Tengo algo. Tengo una mentira verdadera, intrínseca. Jajajaja. Es que no los acabo, no los acabo. Todos esos temas de 2022 estaban acabados, y ahora no los acabo. He hecho un parón de producir. Son… ideas. O sea, a ver, sí que voy haciendo, pero digo de ponerme de verdad, de estar ahí enganchada. Tengo ideas, o algunos los destruyo. Ahora mismo tengo dos que sean reales. Y los estoy regrabando y remezclando. El problema es que no sé qué decir.

¿Las letras? Pero “Interludio” o “Olimpiada de patógenos” no tienen letra.

Pero no son temas.

Voy comprendiendo… ¿Y ahora en qué punto estás?

Pues ahora pues estoy intentando componer de otra forma, más tranquilamente, disfrutando. Estoy intentando relajarme en el proceso y que salgan cosas nuevas de ahí. Me he alquilado un espacio [para componer]. Antes lo tenía todo en el dormitorio y era una cosa como… compulsiva. Y ahora voy al sitio, me preparo mis cositas. No sé, estoy cambiando el proceso, y estoy mucho más relajada porque ya no tengo esa ansiedad de tener que sacar algo ya, ya, ya. 

¿Vas todos los días al estudio?

Para nada. Estoy muy, muy lenta. Igual voy una vez a la semana. También como paré de tocar he tenido que currar bastante, y estoy estudiando y todo eso, entonces no he tenido mucho tiempo. Y a ver, ahora creo que debería girar un poco más este disco.

Sí, claro, pero si te estás alquilando un espacio es porque quieres componer.

Claro, sí quiero, sí, sí, sí, sí. Pero también voy al estudio a hacer cosas sin que tengan que ser canciones. Eso también me va bien.

¿Consideras que el cambio de entorno al mudarte de Mallorca a Valencia ha influido de alguna manera en tus composiciones, en tu música?

Creo que no influye mucho. Ahora creo que sí que va a afectar el estudio, el entorno de yo en otro sitio. Pero bueno, tampoco sé.

Pues alguna vez he pensado que tu trayectoria musical hizo un cambio paralelo a tu movimiento desde el luminoso rural mallorquín, rodeada de cabritas, a Valencia, que es bastante implacable. Por ejemplo, “A la señora de la fila del cajero” o “Manolín, ves a dormir” parecen canciones que no podrían haber salido de vivir rodeada de cabritas en Mallorca. 

Pues mira, la de Manolín es de Mallorca. Fue un regalo de cumpleaños al chico de un grupo que tuve. Hostia, sí, tenía insomnio y se la hice.

Volviendo a lo de las letras: no es la primera vez que te escucho decir que te cuesta mucho hacer letras.

Pues mira, sí. Sobre todo las voces, no sé cómo tienen que ir. Entonces empiezo tarareando y luego si encaja alguna palabra, digo vale, puedo hablar de este tema, y lo desarrollo, pero luego las voces no me cuadran del todo, y tampoco el tema me gusta, y lo acabo cambiando según otra palabra. Es como un bucle. Es que tampoco tengo nada de lo que hablar de entrada. Ese es el problema real: que como me cuesta hacer las letras, me enfado, y siempre pienso en un tema que me enfade. Y quiero escribir sobre otra cosa, pero siempre es “joder mierda, ahora me vienen todos mis problemas a la cabeza porque soy incapaz de escribir una letra”. No sé escribir letras, intento un poco ir con las palabras y con las voces que encajen, pero claro, es algo que tiene que pasar un poco casi aleatoriamente. 

Marta Viuda dijo una vez que ella para escribir letras necesita sentirse enfadada.

No, yo no lo necesito: a mí me pasa y no me gusta porque no quiero.

Pero tus letras no son nada de estar enfadada.

Son como de autosuperación en el fondo. O no, bueno. No lo sé.

Bueno igual “La señora de la fila del cajero” es de estar enfadada.

Sí, pero ahí estaba un poco intentando copiar a John Maus, como hablar de una cosa así cotidiana y tal. Y además que es algo que es como un arquetipo, la señora de la fila del cajero.

Sí, es un tema universal.

Pues mira, ahí encontré algo, pero no, generalmente no encuentro nada. Me salían más al principio, la verdad. En “Canciones” no digo nada. Se puede rebuscar, pero hay poca poca letra. Eran más buenas las de “El ayre del Almena”.

A mí me gustan mucho las letras de “Canciones”.

Qué bien, gracias. También es que es terrible cuando las lees, las letras hay que escucharlas. No sé. Igual estaba pensando en leer poemas de Francisco de Quevedo o algo así, de repente.

Y una cosa: si tú te pones tu propia música para escuchar en casa, cuando compones, ¿compones lo que a ti te gustaría escuchar?

Un poco, sí, claro, jajajaja. También es verdad que a la vez mi música tampoco me gusta tanto. Me hace risa. Eso es lo que me gusta, me hace risa. Me dan risa, pero no es algo que diga “guau”, o “es lo mejor”. Para nada es lo mejor.

Se nos acaba el tiempo y quiero preguntarte, aunque sea rápidamente, por tus directos. En estos tres años tu propuesta de directo no ha sido uniforme: al principio eran más estáticos, por el medio empezaste a dejar la mesa atrás para bailar frente al público, y ahora has vuelto a quedarte detrás de la mesa. La pregunta es: ¿te planteas cómo quieres que sean tus directos?

Pues creo que mi sitio realmente es estar detrás de la mesa. Yo antes creía que era soso, el quedarte ahí detrás, y entonces me forzaba a bailar. Pero siempre me pareció ridículo bailar tus propios temas. La gente me decía “estás muy paradita”, y entonces de repente le pillé el truco a divertirme. Además me ponía ciega aposta. Según el entorno, pero no, no me sale mucho bailar. Lo fui haciendo también porque tocaba mucho, pero es algo que me cuesta. También creo que el pie de micro me ha salvado la vida, porque el tener el micro en la mano ya era… Eso fue una tontería que descubrí hace muy poco, jajajaja.

¿Pero tú te planteas en plan “cómo quiero que sea mi directo”?

Me gustaría estar más conectada con los temas, ser más natural y divertirme más y entrar más ahí. No disociar. O sea, a veces pienso en la situación. Creo que con lo del pie de micro y no tener que forzarme tanto a bailar, ahora, cada vez más, desde el estatismo, estoy reconectando conmigo, con la música, porque no hace falta que enseñe nada. Entonces, poco a poco creo que voy a soltarme un poquito más. Bueno, sí tengo un poco de complejo de eso, de ser un poquito lentita y tal, pero es que cada música y cada bolo tiene su contexto. No sé, me gusta estar ahí un poco despendolada, no muy seria. Divertirme, sobre todo eso. Así es como quiero que sea.

¿Y te diviertes normalmente en los directos?

[Piensa] Sí. Al final, sí. Me gusta cuando toco. Sí.

Entiendo que te tiene que gustar, porque muchas veces no has ido por la pasta.

Ya, no sé. También es que no sabía decir que no.

¿En plan que igual estabas tocando más de lo que realmente querías?

Sí.

Bueno, además en ese momento tocabas también con Escorpio y con Barrera.

Claro, eso [tocar tanto] no era algo que me apeteciera de verdad. Pero bueno, sí, me gusta eso, ¿no?