Foto de Marta Pérez

“Lo colectivo precede al individuo, así que si no hay colectivo yo tampoco existo”

Entrevista a jai/egun

Por Tutti DuPlenty

La primera pregunta es casi obligada: ¿cómo acaba un chaval de Zarautz tocando flamenco?

Ya, vale. Pues a ver, yo crecí escuchando a Silvio Rodríguez, y otros cantautores… gente que toca con las manos, la guitarra. Después de un concierto de Silvio Rodríguez en el Kursaal en 2006, si no me equivoco, decidí empezar a tocar la guitarra. Es decir: Silvio Rodríguez es una figura bastante importante en mi trayectoria. Aunque la verdad si lo descubriese ahora mismo no sé si me gustaría, está muy lejos de lo que me gusta ahora. No me gusta nada la figura del cantautor intelectual que te descubre cosas muy profundas…

Tuve la fase de tocar con la guitarra eléctrica, pero me parecía un instrumento más incompleto. Yo no planeaba tocar con un grupo, y tampoco sabía utilizar pedales ni nada, así que no tenía posibilidades de tantos loops y tal. Con los dedos puedes tocar cinco notas a la vez, pero con púa no es tan fácil. En cualquier caso empecé componiendo canciones hasta que llegó un punto en el que sentí que estaba bloqueadísimo y que tenía que evolucionar hacia cierta dirección. Y entonces coincidió que descubrí que Granada era un buen lugar para estudiar Filosofía, que era la otra cosa que quería hacer.

Desde el primer año estuve aprendiendo flamenco, pero a la vez entré en una especie de crisis personal. Musicalmente los años de Granada no fueron más que golpearme contra una pared. Fue solo el último año, el ultimísimo año, que encontré a un húngaro que era súper heterodoxo para lo que yo había visto hasta entonces; enseñaba partiendo totalmente de mí, de mí con el instrumento. De lo que nos apetecía hacer. Era, además, el prototipo de persona bohemia. Decía “yo no enseño por dinero, pero tampoco puedo hacerlo gratis”. Se acomodó mucho a mis necesidades, sobre todo emocionales. Yo estaba muy bloqueado, muy acomplejado por no poder aprender teorías musicales que por más que lo he intentado no me entran en la cabeza. Ni siquiera lo básico. Hay guitarristas que no saben solfeo, pero por lo menos saben lo que es una disminuida. Y yo no, yo tengo intuición, pero no tengo ni puñetera idea de lo que hago. De verdad. Al final he terminado componiendo por una especie de tirar del hilo, como encontrar algo y empezar a tirar del hilo hasta componer una canción. Pero bueno, la historia en resumen es esa. Por eso aprendí y terminé tocando flamenco.

Esta pregunta no estaba prevista, pero: ¿consideras que tus estudios de Filosofía te influyen en tu manera de abordar tu música?

Creo que la Filosofía me ha ayudado a ser fuerte en opiniones propias. Como por ejemplo el ritmo. Mis canciones cambian completamente de ritmo, de tempo. De algún modo la Filosofía me ha ayudado a entender que eso puede ser, que no pasa nada, que no hay ninguna norma a la que atenerse musicalmente. Y después sí que en cuanto a las letras creo que las cosas más jodidas casi no se pueden ni pronunciar, y las letras que intentan recoger esas cosas en palabras se rompen en sí mismas. Entonces yo creo que mis letras intentan recoger eso respetando lo fuerte que es al no asociarle una palabra. No sé si me estoy explicando.

Perfectamente.

Me ha dado cierta perspectiva de, no sé, de lo complejo que es conceptualmente todo. Hay experiencias que no podemos expresarlas con palabras y solo podemos intentar rozarlas, señalarlas de alguna manera, mediante la configuración de las palabras pero no con las propias palabras…No sé, la Filosofía sin duda me ha dejado marca y supongo que se refleja en lo que hago.

La nota de prensa que acompañó al lanzamiento de ‘Argiek Istilu’ tuvo una primera versión que no llegó a ver la luz con un montón de referentes musicales, de nombres de artistas. Sin embargo, en las conversaciones para preparar la nota de prensa el único artista que habías mencionado fue a Silvio Rodríguez, al que has vuelto a mencionar ahora. La pregunta es: ¿tienes referentes para tu música?

Pero Silvio Rodríguez es gracioso porque es mi referente, pero no sé si de manera musical. O sea, la música que yo hago para nada es la que hace Rodríguez. Sí que me ha… ¿me ha influenciado en las condiciones que me han permitido ser lo que soy ahora? No sé qué referencias musicales tengo, sinceramente. Yo quería ser un cantautor y he terminado siendo… pues no sé si un cantautor. No me gusta mucho esa idea, está muy contaminada por la imagen de personas que hablan de la vida mejor que nadie. Me genera mucho rechazo. Entiendo que soy un cantautor, yo qué sé. Pero no sé, el cantautor es una figura muy individual, y yo el proyecto es verdad que al final es mío, y yo tengo la última responsabilidad, pero no existiría sin sin la ayuda de Jon [Aguirrezabalaga] o Marta, por ejemplo. 

No sé, me da cierta vergüenza enumerar mis referencias musicales. No sé cuáles son. Valoro muchísimo el grupo ultra mega hiper comercial Radiohead, su manera de mezclar lo lo escuchable con lo experimental. Es algo que busco porque a mí lo excesivamente experimental no me gusta, me parece que puede fácilmente ser un recurso barato y de incapacidad, y además lo justificas con discurso. Lo odio. Eso yo lo valoro de Radiohead. Por otro lado, fue un cambio importante para mí el disco ‘Good Kid, M.A.A.D. City’ de Kendrick Lamar, porque cuenta una historia, y la profundidad de la historia se aprecia en la transparencia de la letra, no en metáforas ultra abigarradas y jodidas. Es como poner cada palabra en su lugar. Ahí está lo profundo.

Entonces tus referencias son sobre todo contemporáneas.

Mira, Pablo Und Destruktion ha sido una referencia para mí. He escuchado un montón a Pablo Und Destruktion, fue una figura bastante importante en cierto momento de mi vida. Libertad [Ballester] fue quien me lo descubrió. Escuchamos mucho Pablo Und Destruktion y lo que me encanta de él es lo solapado que está con su propio proyecto, pero de alguna manera su proyecto ¿le trasciende? No sé. A veces estoy más o menos de acuerdo con él, pero hay cierta pureza y cierta honestidad completa en lo que hace, y eso es lo que valoro. Pero siguen sin ser referencias musicales. Ahora mismo no sé, estoy interesado en mezclar lo analógico y lo digital. Estoy escuchando mucho a RRUCCULLA. Me encanta su manera de que lo digital se sienta tan cálido. No sé si te estoy contestando.

Estás contestando totalmente.

Te puedo decir gente importante para mí, pero no sé hasta qué punto son influencias. Interpol fue importantísimo para mí, pero es que luego yo creo que las referencias más importantes que he tenido han sido muy fugaces. Pues por ejemplo una canción de Paxkal Irigoyen, ‘’Udaren Bukaera’’, fue muy importante también en cierto momento. Yo he sido muy de consumir canciones, más que discos. 

Eso tiene mucho de generacional. 

Sí, pero de todas maneras estoy bastante preocupado por el modelo de consumo cada vez más rápido, la capacidad de mantener la atención cada vez más pequeña y el cómo las herramientas con las que accedemos a la cultura nos lleva a consumir de esa manera… Y por eso mi disco es un disco, no es un cúmulo de canciones. Es para escuchar de principio a fin. Es lo que yo he querido. He crecido escuchando discos, eso es verdad. Yo tenía de pequeño los LPs de mi padre y me los ponía de principio a fin. Me fascinaba The Wall de Pink Floyd. Y en Kendrick Lamar también sucede lo mismo: es un disco que te cuenta una historia y todas las partes funcionan individualmente, pero juntas suman algo mayor. Estoy bastante orgulloso, y pocas veces soy aseverativo de esta manera, pero creo que mi disco lo consigue. Lo he hecho y estoy bastante orgulloso. Sí.

Da la sensación de que en este disco está muy presente tu entorno, tus amigos, tu pareja, tu familia, aunque no siempre de una manera explícita.

Este disco surge, a través de una situación emocional complicada, del reconocimiento de la necesidad de un colectivo o círculo. Las ciudades en las que vivimos no son solo edificios, son dinámicas sociales en las que uno está inmerso mediante sus relaciones. Una familia, un pueblo, unos amigos, una cuadrilla, te ponen en un lugar, y eso tendemos a darlo por hecho. Pero puede llegar el momento en que esas relaciones no existan, y si eso sucede estás jodido. Y me refiero a no solo en un sentido pragmático de que la vida sea más o menos fácil; yo entiendo que lo colectivo precede al individuo, así que si no hay colectivo de alguna manera yo tampoco existo.

Lo mejor de vivir en un pueblo es que no tienes que quedar con la gente para verla. La familia está ahí, tus amigos, tus tíos… hacéis vidas en los mismos espacios. Esa es la clave crucial de la vida en comunidad. El pueblo tiene vida por sí mismo.

Antes de pasar a la última pregunta me gustaría que hablases un poco del colectivo en el que participas.

Se llama Lege Berria. Es un colectivo curioso, no somos un perfil de personas que vengamos de la autogestión. Pero hemos podido valernos del trabajo que se hizo en esa dirección por tanta gente que ocupó y dotó de material a espacios, configurando los espacios que son los gaztetxes. Ahora nosotros tenemos toda una infraestructura, un montón de material, que podemos usarlo para organizar eventos. Aunque es verdad que acaban de entrar a robar y se han llevado material de bastante valor. Ahora habrá que ver cómo podemos aportar para intentar recuperar lo perdido.

Nos unió cierta falta de escena, de plataformas donde la gente pueda tocar. La gente del colectivo coincidía en conciertos y se daban cuenta de que había un montón de esos grupos que les gustaban que simplemente no tenían oportunidad de verlos tocar. En esa situación, alguien dijo: ¿por qué no organizamos un colectivo para eso? Y así empezó. Para mí sí que es verdad que esto ha sido un soplo de aire fresco, que igual los del colectivo no lo saben, porque yo al fin y al cabo el proceso de grabar el disco lo he llevado por mi parte, pero tener un entorno social en el que poder hablar simplemente de X grupo a mí me da cierta perspectiva y cierto aire para mis propios procesos. 

Todavía estamos aprendiendo a funcionar porque nos falta bagaje de organización, pero los eventos que hemos hecho han salido genial. Andando vamos construyéndonos, y veremos hasta donde llegamos, lo que hacemos y tal. Pero está siendo guay. Sobre todo está siendo guay como modelo de vida para mí. O sea, está siendo guay vivir así, está siendo guay tener esto, da igual si después si funciona o no. Es tener esta gente a la que nos ha unido esto, es una manera de vivir, una manera de estar que ayuda a crecer en alguna dirección.

Vamos a por la última pregunta. En las letras del disco parecen estar presentes diversas consideraciones acerca de la salud mental. La pregunta es: ¿cuál es tu opinión sobre la salud mental? ¿qué es para ti la salud mental?

Vale. Vaya por delante que no soy psicólogo o psiquiatra, no estoy formado en esto.

Hay una tensión jodida entre entender las patologías mentales como una cuestión social (no es que tengas depresión, sino que estás inmerso en un modelo laboral en el que es imposible no estar alienado) y hasta qué punto tener ciertas experiencias radicales, como los ataques de pánico, puede deberse a cuestiones no sistémicas, sino tus propias experiencias, tu vida, tu familia, tus amigos, tus marcos conceptuales. Es una tensión jodida, porque no sabes si lo que te falta es sindicalizarte, o hacer deporte y comer bien, o medicarte, o lo que sea. En mi experiencia, en mi caso particular que no tiene por qué extrapolarse a ningún otro, muchas ansiedades y pánicos no se solucionan, sino que se han diluido. He construido hacia otra dirección, hasta crear un espacio en el que han perdido protagonismo. Ha sido una cuestión de pérdida de énfasis en mi vida mental, no tanto de batallar con el estado emocional. Y como un momento emocional no es más verdadero que otro, no es ignorar el problema si puedes simplemente desconectar de ese estado y estar en otro que te permita construir en cierta dirección. El cómo hacerlo ya es otra movida, pero me hacía especial gracia pensar que la respuesta al sentido de la vida es beber agüita y comer sano. No es así, pero son elementos que ayudan a crear las condiciones para hacer frente a tales situaciones. 

A veces un diagnóstico es un cajón de sastre de la hostia, además de que el diagnóstico habla más de las consecuencias de un proceso que del proceso que los has causado. Se meten en un cajón una serie de síntomas y se da por hecho que eso es lo que hay que tratar. Se enumeran los síntomas y tenemos una palabra, la misma para todos, para designarlo. Entiendo que por un lado es necesario por simple organización, pero creo que esta manera de entenderlo puede hacer que tengamos una imagen equivocada de la salud mental. Puede afectar en nuestros marcos conceptuales y terminar entendiendo ya nuestra vida en función de eso que ‘’tenemos’’. Eso puede llegar a bloquear o determinar demasiado la narración que uno haga de la vida de uno mismo de manera injustificada, y es un peligro. Seguramente haya casos que sea inevitable tener presente esa ‘’patología’’ o lo que sea, pero creo que es legítimo preguntar si esos casos son la mayoría hoy en día.

Escucha ‘ARGIEK ISTILU’
LP de debut de jai/egun:

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